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Los 'residuos' más realistas del maestro de la abstracción

El alcalde, Antonio León, entre dos de los hijos del artista, David y Luis, quien recordó al pintor. / A.S.

'El tríptico de las basuras', de Frutos Llamazares, se puede ver en el Ayuntamiento de Torre Pacheco durante octubre

A. SALASTORRE PACHECO

El maestro de la abstracción y de las dimensiones Manuel Frutos Llamazares sigue en el recuerdo de Torre Pacheco, el municipio donde vivió como profesor y padre de familia y donde murió hace 7 años. A lo largo de octubre estará también al alcance de la retina de los visitantes del Ayuntamiento de Torre Pacheco, donde se expone su 'Trilogía de las basuras', cedida por su familia como parte de los actos conmemorativos del 150 aniversario de la creación de la plaza.

Entre bancales de melones e invernaderos de pimientos, el artista leonés exploró la tensión de los planos superpuestos, las formas orgánicas, la geometría y las líneas esenciales de su particular universo filosófico.

"Era la abstracción y las telas superpuestas el estilo que consideró como propio, lo que pasa es que pintaba lo que él llamaba 'mierdas', unos trastos viejos, un montón de periódicos leídos, unos bidones o una nevera rota, que son sensacionales pero que para él no eran más que ejercicios", explica su hijo Luis Melián. "Jamás quiso desprenderse de ellos", contó en la inauguración de la muestra de la Trilogía.

Eligió Torre Pacheco como lugar de residencia después de explorar la costa mediterránea, y en el municipio agrícola prestó su talento en cientos de carteles de actividades municipales y del recinto ferial de Ifepa. El alcalde, Antonio León, lo recuerda como profesor y catedrático de Dibujo Técnico en el instituto Luis Manzanares de Torre Pacheco: "Por él fui arquitecto. Por unos minutos de conversación con él". "En el instituto lo llamábamos 'El Frutos' pero nos dirigíamos a él como don Manuel y en cambio él firmaba sus obras como Llamazares", evocó el alcalde, quien lo describió como "un maestro del dibujo, de la acuarela, de la escultura plana y de la plumilla, poseía una gran técnica". En sus clases animaba a reflexionar a sus alumnos.

Sobre su obra, Melián asegura que "se ve en sus composiciones precisas el ingeniero que era", obsesionado por las superposiciones, los huecos vacíos y el ascetismo cromático, mientras que mientras que a nivel personal cultivaba el humor, la conversación y la vida local. "Oía lo que quería pero escuchaba a todos", bromeó el alcalde, quien evoca el particular uso que el artista hacía de su sordera parcial.

En la evolución de su pintura se encuentran sus viajes a Egipto, donde descubrió las sombras de los bajorelieves y el poder del monocolor, y su decisión de ruptura con el formalismo del cuadro bidimensional al estudiar la obra del pintor canario Manuel Millares. A partir de entonces, sus obras fueron para él "esculturas planas" que evolucionaron del expresionismo abstracto al lirismo geométrico y el minimalismo en blanco y negro. De sus manos, siempre activas, surgieron además de forma intercalada retratos de familiares y amigos y esa serie realista que se muestra en el Consistorio. "Murió en Torre Pacheco a los 75 años en plenitud, pintando", cuenta su hijo, el fotógrafo David Frutos.

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