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Torre Pacheco, un año después de la tragedia

Las tres supervivientes de uno de los accidentes de circulación más fatídicos de la historia reciente de la Región, en el que perdieron la vida cinco jóvenes del municipio de entre 18 y 21 años, retoman lentamente sus vidas. La eliminación del punto negro que reclama el Ayuntamiento sigue sin ejecutarse

Efectivos de emergencias y de la Policía, hace un año, en la zona del siniestro. /Antonio Gil / AGM
Efectivos de emergencias y de la Policía, hace un año, en la zona del siniestro. / Antonio Gil / AGM
Rubén García Bastida
RUBÉN GARCÍA BASTIDA

Se conocían. Habían coincidido muchas veces. Los cinco jóvenes fallecidos en uno de los accidentes de tráfico más terribles que ha sufrido la Región en los últimos años eran vecinos de Torre Pacheco y tenían edades similares. Apenas tres años separaban al mayor de ellos, de 21 años, de la menor, de 18. Muchos habían compartido colegio e instituto y frecuentado lugares comunes. La noche del sábado 4 de febrero de 2017 no tenían que haberse encontrado, pero la fatalidad los situó una vez más, como tantas antes, en el mismo sitio y a la misma hora.

Eran las doce menos cinco de la noche cuando dos coches en los que viajaban ocho jóvenes, cuatro chicas y cuatro chicos, colisionaron brutalmente en la carretera F-36 que une Torre Pacheco con La Palma. Ellas volvían de una cena cuando se cruzaron con el Renault Clio en el que viajaban ellos en sentido inverso, en el mismo instante en el que el conductor perdía el control, tras varios volantazos, e invadía el carril contrario, provocando un violento impacto fronto-lateral.

Un año después, el pueblo sigue añorando a José Salvador Ros Gázquez, de 20 años; Pedro José Cánovas Juárez, de 21; Óscar Alcaraz Galián, de 20; José Antonio Martínez Sánchez, de 20, y Ana Belén Celdrán Avilés, de 18 años, mientras las tres jóvenes que resultaron heridas en el accidente, N.D.S., N.L.M. y M.G.M, que hoy tienen 22, 23 y 25 años respectivamente, intentan rehacer sus vidas tras meses de sufrimiento físico y emocional. "Están las tres juntas. Hacen vida juntas, y están bien", asegura Fran Urrea, amigo de las supervivientes, que ha seguido de cerca a lo largo de estos doce meses la evolución de las chicas. "Han tenido la suerte de que eran amigas y se han apoyado mucho unas a otras", asegura.

Vuelta a los estudios

Una de las jóvenes ha reemprendido sus estudios, tras verse obligada a suspenderlos por el accidente. Las otras dos ya los habían finalizado. Una de ellas, incluso, había comenzado a trabajar. No ha podido volver a hacerlo desde entonces porque se encuentra todavía en la recta final de su rehabilitación.

Fran forma parte de ese círculo de jóvenes de la misma edad de Torre Pacheco que no pueden evitar conocerse. Compartió colegio con dos de las heridas y trabajó con el conductor fallecido en el Centro de Seguridad Integral municipal (CIS), donde ambos prestaban servicio como voluntarios de Protección Civil. "Fue difícil. Yo no tenía amistad directa con él, pero había compartido alguna salida, y claro, otros compañeros que sí tenían una relación mucho más estrecha lo pasaron muy mal. Fue muy duro. Hay fotos en nuestra sede, y también llevamos un lazo negro en la ambulancia". Fran recuerda que "muchos habían realizado servicios con él" y que "el día que ocurrió, algunos voluntarios que lo conocían estaban de guardia" en el CIS.

Que el accidente fuera en el término municipal de Cartagena por unos pocos kilómetros y no en el de Torre Pacheco, evitó que alguno de estos voluntarios tuviera que vivir el 'shock' de acudir al lugar del siniestro donde uno de sus compañeros acababa de perder la vida. Fue el concejal delegado de Policía y Seguridad Ciudadana, Tráfico, Protección Civil y Emergencias, Juan Salvador Sánchez, quien les dio la noticia a los que trabajaban esa noche. "Todo el mundo aquí le conocía", recuerda. "La patrulla fue en busca del siniestro, pero se metió hasta dos kilómetros más allá del límite de Torre Pacheco y no vio nada".

Sánchez también acudió a dar la noticia a las familias. Asegura que aquella madrugada atravesó "el momento más duro que puede vivir un servidor público: el de tener que comunicar a las familias la muerte de una persona joven".

Cuando el edil y el alcalde de Torre Pacheco, Antonio León, tuvieron las primeras noticias del accidente, todo eran dudas. "Nos pusimos en contacto con el cabo de servicio y le encargamos que hiciera investigación y llamara a Tráfico, a Cartagena. A la hora y media se confirmaron sus temores. "Ya nos dijeron que los fallecidos eran de Torre Pacheco. Todos. No sabían las identidades todavía", señala.

El alcalde y el concejal acudieron entonces al centro de seguridad de Torre Pacheco para coordinar el operativo. Allí les informaron de que el cabo de Tráfico que había ido a atender el accidente iba en dirección al cuartel de la Guardia Civil del municipio, cercano al CIS. "Nos fuimos para allá. Él llegó unos minutos después, y entramos a un despacho donde nos explicó los detalles del accidente y el estado en el que habían quedado los coches".

Cuatro carteras y un bolso

El cabo les informó de que la unidad de atestados también se dirigía hacia el cuartel y que "traía la documentación y los efectos personales que habían recogido de las víctimas. Estaban perfectamente identificados". Eran las tres de la mañana cuando salieron del despacho y encontraron una imagen que no ha podido borrar de su memoria. "En el mostrador que hay en la recepción del cuartel estaban las cuatro carteras de los chicos y el bolso de la fallecida. Fue muy impactante". Aún no sabían quiénes eran, aunque ya les habían adelantado que eran muy jóvenes. "Cuando empezamos a ver las caras, yo conocía a algunos de ellos. Eran todos de familias de mucho arraigo aquí, gente de toda la vida", puntualiza.

El alcalde y el edil se fueron con la caravana de vehículos que fue dando la noticia a las familias "casa por casa". El dispositivo lo integraban los representantes de la corporación, agentes de la Guardia Civil, una ambulancia y un vehículo de apoyo psicológico de Cruz Roja. "En ninguna de las viviendas a las que fuimos sabían nada", relata con sorpresa. "Había pasado hacía horas y la noticia ya estaba en los medios y circulando por internet".

"Entrábamos con el cabo a dar la noticia, junto a algún enfermero y un psicólogo. Tuvieron que venir dos personas más de apoyo del 112 para completar un segundo equipo que se quedara allí cuando continuábamos para ir a la siguiente vivienda", afirma. "Hubo un momento en que también hubo que pedir ayuda al Servicio de Urgencias de Atención Primaria (SUAP) por ataques de ansiedad y diversos trastornos". "Sobre las siete de la mañana terminamos en la última vivienda. Estaba ya empezando a amanecer", recuerda.

A esa hora se fueron a ver el lugar del accidente, "una zona incomprensible, en mitad de una recta. No tenía ningún sentido", recuerda. "Podían haberse cruzado y que no hubiera pasado nada si el giro hubiera sido treinta milésimas de segundo antes, o después, pero fue girar y encontrarse con un impacto de lleno".

El atestado señala que el conductor del Renault Clio perdió el control "tras finalizar una curva a la izquierda debido a una velocidad excesiva" y que, a consecuencia de ello, realizó "varios giros de volante de forma brusca para evitar salirse de la vía", según revelaron a 'La Verdad' fuentes conocedoras del documento policial.

Por su parte, el Citroën C4 en el que iban las chicas "circulaba en sentido contrario correctamente" y ante la sorpresa por la pérdida de la trazada del otro vehículo, llevó a cabo "una maniobra evasiva accionando el volante hacia la derecha". Un movimiento que resultó insuficiente para evitar el accidente porque la conductora "no dispuso de espacio ni tiempo" para ello, concluye el atestado.

Cuando se le pregunta por las circunstancias del siniestro, Juan Salvador Sánchez, señala que tampoco hay que olvidar la histórica reivindicación de una rotonda cerca del lugar del siniestro.

La asociación de víctimas de accidentes DIA, que agrupa a víctimas de tráfico, también se pronunció en este sentido en los días posteriores a la tragedia, y consideró que una glorieta "hubiera obligado a la reducción de la velocidad en ese tramo".

Sánchez afirma que desde el Ayuntamiento de Torre Pacheco se ha pedido también "a la Dirección General de Carreteras que se haga un repintado de las marcas viales, que en muchas ocasiones están muy deterioradas en estas vías por la circulación de maquinaria agrícola".

"Aquí hay carreteras que están en muy mal estado y que tienen muchísimo tráfico. Seguimos reclamando a la Dirección General de Carreteras y a la Comunidad Autónoma que mejore las carreteras de Torre Pacheco", reivindica.

El silencio de los bares

El dolor que se respiraba en Torre Pacheco en aquellos días, tras el multitudinario funeral conjunto en el frontón de la localidad lo recuerda nítidamente el edil: "El duelo no terminó el día que se enterró a los fallecidos. Siguió muchas semanas más. Había un clima generalizado. En los bares, en los sitios públicos, en el propio Ayuntamiento, un total silencio…, una tristeza… Se podía percibir fácilmente lo que se estaba viviendo".

Aún hoy ese pesar sigue instalado en muchos vecinos que conocían a los chicos o a sus allegados, "pese a que el día a día, al final, va metiéndote en su vorágine y lo olvidas un poco". Muy distinta es la situación de las familias. "Para ellas es muy difícil asumir la ausencia de una persona que estaba en plenitud, que estaba empezando a vivir. Eso le marca el futuro a los padres. Supongo que el tiempo irá haciendo su trabajo, pero hay cosas que no se olvidan jamás".

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