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«El campo necesita garantías de agua»

Buendía (i), con el alcalde León, en la sala de envasado del melón. / A.S.
Buendía (i), con el alcalde León, en la sala de envasado del melón. / A.S.

Celedonio Buendía, de Melones El Abuelo, dará el pregón de las fiestas patronales

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

«Los chinos me lo sirvieron a la plancha y, como se carameliza, le da un sabor muy potente», cuenta Celedonio Buendía Ros, gerente de Procomel, productora de los melones El Abuelo, la marca que ha logrado revalorizar ese fruto tradicional. Este empresario, tercera generación de agricultores, ha recorrido el mundo con la marca que creó en 2003. Y el próximo dará el sábado 6 de octubre el pregón en las fiestas patronales de Torre Pacheco. «Contaré mi infancia lindísima en Balsicas», anuncia. «Compatibilicé el colegio con el campo. Me crié en la calle, entre los vecinos», relata Buendía, quien recuerda el trabajo manual de la tierra y cómo lo ha combinado con tecnología: «Nos ayuda. Sabemos qué cantidad de agua necesita una planta y no hay que alimentarla de más».

«Fue el abuelo Anastasio en 1928 quien comenzó a plantar melones y hemos tratado de mejorarlos seleccionando las semillas para recuperar el sabor del melón histórico», cuenta Buendía en la sede de Balsicas, desde donde exportan melones a todo el mundo. «España y Portugal son los mejores mercados», explica el productor, quien ha logrado desterrar el mito del azar en la cata de los melones con su variedad especial 'Piel de sapo', mitad herencia familiar, mitad I+D.

«Haciendo una reforma de mi casa, encontré un día un saco de semillas de unos 46 años de antigüedad», comenta el empresario sobre la base genética de los melones, que después se perfeccionan en los campos de ensayo.

«No queremos que tenga mucha sacarosa, que deja un regusto poco agradable, así que nuestros melones tienen sobre todo fructosa, que se convierte en un gustito impresionante y te anima a seguir comiendo», asegura Buendía. El otro componente secreto del éxito de su producto «es el alma, la de todos los que participan en la producción», afirma.

Aún recolectan melones en el Campo de Cartagena, donde el sol devora a dentelladas el otoño. Cuando finalice la cosecha local, Procomel empezará a cortar de las matas de La Mancha y, después, de Brasil. Trabaja con «pequeños y medianos agricultores que cultivan una superficie pequeña y casi le ponen nombres a cada melón». El empresario defiende «el cuidado de la tierra, como me dijo mi padre: 'Pórtate bien con ella y lo poco que le das te lo devolverá por diez'. Es lo más agradecido que hay. Y nosotros lo hacemos; va en nuestro ADN. Utilizamos recursos optimizados y reutilizamos hasta el agua del rocío».

Sobre cómo aprovechar los recursos en el Campo de Cartagena, el productor asegura que «tenemos que encontrar fórmulas viables para todos y ponerlas en práctica». «La agricultura ahora son zancadillas, cambios climáticos y otros mil motivos, y vamos consiguiendo subir a rastras», afirma Buendía. Cree que «el Campo de Cartagena no necesita agua, sino garantías de agua». «La agricultura es para supervivientes», afirma.

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